lunes, 12 de julio de 2010

Pequeño homenaje




Par de cracks...

sábado, 17 de abril de 2010

Porque no voy a votar por Antanas Mockus (en primera vuelta al menos)

En esta entrada quisiera discutir algo que poco se ha tratado cuando se habla del ex alcalde de Bogotá y candidato a la presidencia por el partido verde, Antanas Mockus. Quiero discutir sobre el contenido y no sólo la forma de sus propuestas y posiciones políticas. O bueno, realmente quisiera discutir ambas.

Empecemos con lo que está en boca de todos: la forma. Esa es la gran apuesta de Mockus, después de todo y la que convoca más a sus seguidores. Mockus propone una sociedad en el que el respeto por la ley prime como una especie de gran imperativo categórico. Los seguidores de Mockus, entre ellos muchos de mis amigos, sueñan con una sociedad en que la gente aprenda a respetar que en los andenes no se puede parquear o en que entienda que uno no se puede colar en la fila para pagar en un súper mercado. En últimas, esta idea expandida, implicaría una sociedad en el que el respeto por la ley se traduciría en que la gente, por ejemplo, pague cumplidamente todos los impuestos o deje de traficar con drogas, porque bueno, sería ilegal obrar de otra manera.

Creo que esto tiene un aspecto positivo y es que, como comentaba en la entrada anterior, cualquier sociedad que aspire a funcionar correctamente, debe buscar a que exista un respeto por la norma entre sus miembros. Pero creo que esto también puede convertirse en un fetichismo por la norma, y en últimas evita un debate más fundamental: que leyes son justas y dignas de ser seguidas y cuales leyes no son justas y no son dignas de ser obedecidas.

No necesitamos remontarnos a ejemplos lejanos y trajinados (como el de si es justo obedecer las leyes de un estado totalitario como el Tercer Reich) para ilustrar este punto. Por ejemplo, Mockus parece empeñado en creer que el narcotráfico es un problema de lo que él llama “la cultura de la ilegalidad”, y no lo que realmente es, un problema de salud pública y de libertades civiles violadas por una prohibición absurda. De la misma manera Mockus y muchos de sus partidarios han satanizado esa cultura de la ilegalidad manifiesta en el comercio informal (resultando además en medidas represivas contra este, cuando el profesor fue alcalde de Bogotá). Pero la pregunta es si estos comerciantes tienen realmente alguna obligación con el Estado de llenarle sus cofres con impuestos, lo que les impediría trabajar y ganarse el pan de cada día (en un país donde además existen niveles de desempleo tan enormes).

Dicho esto sobre la forma de la política mockusiana, me queda la cuestión de sus contenidos, al que tan poco cuidado han puesto los medios de comunicación o muchos de sus partidarios. La razón por la que en este punto tampoco podría apoyar a Mockus, se debe a que entre sus propuestas brillan por su ausencia varias propuestas que yo considero fundamentales y en cambio entre lo que propone y defiende hay muchas otras que considero inaceptables.

¿Qué le falta a Mockus por proponer? Por un lado, una reforma agraria. Para este tema, el ex alcalde sólo ofrece pañitos de agua tibia. Un programa para recuperar tierras de los narcotraficantes, como si estos fueran los únicos que hubieran robado o se hubieran beneficiado del robo de tierras. Eso no es suficiente; toca revisar con lupa las compras y apropiaciones de tierras de ganaderos y cultivadores de palma africana y otros latifundistas, que por estar abiertamente aliados con los paramilitares o de forma indirecta se han visto beneficiados aumentando sus predios. Toca obligar a TODOS los culpables del desplazamiento de millones de colombianos a resarcir a sus víctimas, no sólo devolviendo las tierras robadas sino forzarlos a pagar indemnizaciones si se comprueba que participaron de alguna manera en expulsar de la tierra a sus legítimos dueños.

Irónicamente, habría que añadir, una reforma agraria bien hecha podría romper el sistema social de cuasi feudalismo que impera en buena parte de este país, y ayudaría a construir una sociedad realmente más cercana al moderno ideal mockusiano de respeto ciudadanos con respeto por la ley (en vez de vasallos tratando de ascender socialmente, de convertirse ellos en “patrones”).



La otra cosa que brilla por su ausencia es una posición más decidida en contra de la “Guerra contra las drogas”. Respecto a esto Mockus vuelve a proponer, débil y poco concretamente, un cambio en la manera en que se lleva a cabo la lucha contra las drogas ¿Pero cuál es la extensión y el sentido de dicho cambio? Eso no queda claro, como no está claro (desde la perspectiva mockusiana) cual es el verdadero problema con respecto al narcotráfico (que no existe como parte de la “cacareada cultura de la ilegalidad”, sino precisamente por culpa de la ley, en este caso la prohibición).

Pero además, Mockus es un candidato que ha apoyado políticas (incluyendo de la actual administración) que me parecen nefastas. Puedo dar varios ejemplos al respecto: las bases norteamericanas en Colombia, la reforma laboral o el TLC, por mencionar algunas ¿Por qué debería apoyar yo un candidato que sostiene tales posiciones, en las que no sólo no creo, sino pienso que son malas para el país? Puedo preferir a Mockus en un caso de una segunda vuelta sobre un Juan Manuel Santos con los ojos cerrados, por supuesto, pero está muy lejos de ser el candidato que tenga las mejores propuestas para los problemas que tiene el país.

Desde luego, queda el debate de si tanto todas estas posiciones que no tiene Mockus, como aquellas que tiene, son buenas o malas para el país realmente. Mi punto, finalmente, es que como dijo el senador Jorge Robledo en el programa radial Hora 20 hace unas dos semanas, la discusión sobre Mockus sólo se centra en la forma de su política y no en los contenidos de sus propuestas. Creo que es el momento de discutir esto, y no sólo para el caso de Mockus, sino con respecto a todos los demás. En general, creo que hora de que haya un verdadero debate electoral.

lunes, 5 de abril de 2010

¿Déjenme sano o déjenos sanos?

En Colombia está ocurriendo un fenómeno poco común desde hace un par de años: ha aparecido un grupo que reivindica los derechos individuales y que hace ruido. Se trata de la llamada Dosis de personalidad, una “red de colombianos que defiende las libertades individuales”, y que se ha manifestado ya en varias ocasiones de manera pública. El grupo ha tomado como caso emblemático de su lucha, una oposición abierta a la criminalización del consumo de drogas, al punto a que su slogan “Déjenme sano” ha surgido como su canto de batalla en contra de las aspiraciones del estado (y en particular de la actual administración) de tratar a los consumidores de drogas como enfermos y criminales.

Antes que nada, lo primero que tengo que decir es que la iniciativa es muy valiosa, tan sólo por el simple hecho de que alguien se levante (¡por fin!) para defender las libertades individuales, en un país donde son cada vez menos populares. Pero además, el hecho de que lo que se defienda una cosa tan satanizada como el consumo de drogas, en una sociedad tan conservadora como la colombiana, es sin lugar a dudas valiente y notable desde todo punto de vista. También me gusta el estilo del grupo, su propuesta participativa, al igual que su uso de medios como Internet y los videos en Youtube. Es por ello que quisiera ofrecer una crítica constructiva al mismo.

La idea de esta crítica surgió de una discusión que tuve con una amiga sobre el grupo y el tema de la legalización de las drogas. Me decía mi amiga (partidaria de la legalización de las drogas), que lo que le preocupaba del mensaje que estaba enviando la “Dosis de personalidad”, era que se trataba de uno contradictorio. Lo que se estaba proponiendo en muchos de los vídeos que ha montado el colectivo en Youtube, según ella, no era otra cosa que la reivindicación para que pudieran “fumarse su bareto” y nada más. Ese mensaje es contradictorio, porque reconoce el derecho de los consumidores al mismo tiempo que no se dice nada sobre la venta de drogas. Es decir, el mensaje que se está enviando es que si bien es ilegal vender drogas, debe ser legal consumirlas ¿Pero como puede haber consumo sin venta (tráfico), se preguntaba mi amiga? Esto, según ella, además envía otro mensaje que es perverso, porque invita a violar una norma (la prohibición de comerciar con drogas); en últimas es otra invitación a pasarse por encima las normas en general según la conveniencia personal, problema generalizado en el país (como habrán adivinado, mi amiga es partidaria de Antanas Mockus).

Esta discusión con mi amiga tiene dos ramificaciones. La primera, bastante compleja, es la discusión sobre hasta que punto se deben obedecer leyes que se consideran injustas. Yo creo que violar la norma que prohíbe el consumo de drogas es violar una norma injusta y por ende creo que es una acción completamente legítima. Pero también reconozco que cualquier sociedad que aspire a funcionar (incluida una anarquista) debe cultivar un respeto por la norma, respeto que en un país como Colombia es muy bajo. Sin embargo, no es esta primera ramificación la que quisiera discutir en esta entrada, en tanto la discusión da para divagaciones bastante complicadas.

La segunda ramificación de esta discusión, que es la que me interesa tratar, es el enfoque que maneja “Dosis de personalidad”, y que creo está reflejado en su lema “déjenme sano”. Como lo decía mi amiga, a veces parece que el mensaje es “déjenme fumarme mi bareto tranquilo” y nada más. Por ello mismo no hay una preocupación por buscar la legalización integral de las drogas, sólo por el derecho a consumirlas. Un ejemplo de esto, según mi amiga, es la famosa sentencia de mediados de los años noventa (de autoría de Carlos Gaviria) que legalizaba el consumo de la dosis mínima, y que conllevaba a la ya mencionada contradicción de descriminalizar el consumo pero mantener la prohibición de la venta; esa sentencia es el modelo que parecen defender los miembros de la “Dosis de personalidad”.




El problema es que un esquema que se quede con sólo descriminalizar la prohibición al consumo, es que se siguen manteniendo las consecuencias nefastas de la “guerra contra las drogas”, que van mucho más allá de que a mi “no me dejen fumarme mi bareto”. Así, me explicaba mi amiga, cuando los consumidores (amparados en su derecho a consumir la dosis mínima), compran un bareto o un gramo de coca, siguen financiando una mafia y en buena media la violencia en Colombia (dado que los paramilitares y la guerrilla se alimentan del dinero de la droga).

Se puede discutir que la causa última de lo anterior no radica en el acto de comprar drogas, aún sabiendo que el dinero va a la mafia que maneja el negocio, sino a la misma guerra contra las drogas que es la que crea la mafia. De hecho, es lo que yo pienso. Pero creo que mi amiga tiene un punto en que la lógica de una descriminalización parcial (donde se legaliza una parte de la cadena, el consumo) sigue manteniendo el esquema nefasto de la guerra contra las drogas intacto con sus consecuencias, y hace que los consumidores sigan siendo parte del problema (y por ende, blancos políticos fáciles, ya que se les culpa de “financiar a la mafia”, cosa que han explotado bastante los uribistas en su discurso). Por ello creo que la descriminalización parcial del consumo es válida sólo si piensa tácticamente como un logro en la dirección correcta, no como el status quo que hay que mantener, como si fuera la situación ideal.

En últimas, el problema de la lógica de “déjenme sano”, es que es parte de un liberalismo que correctamente defiende los derechos individuales, pero piensa la cuestión desde un atomismo social ingenuo. La monstruosidad de la guerra contra las drogas no consiste únicamente en el hecho de que no nos permitan "fumarnos un bareto en paz", sino que el Estado se ha otorgado un poder inadmisible sobre los cuerpos y las decisiones de los individuos que cultivan y comercian drogas, no sólo de los que las consumen. Y la violación de esos derechos individuales de todos estos grupos de personas, se traduce en consecuencias mucho más graves que la restricción de las libertades individuales de los consumidores, ya que terminan creando un efecto perverso en todo el entramado social que no es otro que la mafia.

Por todo lo anterior me atrevería a sugerir que el lema no debería ser “déjenme sano”, sino “déjenos sanos”. En esta versión en plural me refiero a que hay que dejar sanos a los campesinos que cultivan las plantas de las que salen las drogas, los que la procesan en laboratorios y los que las vayan a vender, por muy políticamente incorrecto e impopular que suene la idea (valga la aclaración, no se trata de “dejar sanos” a los actuales mafiosos, sino aquellas personas que en un futuro comerciarían la droga dentro de un marco de leyes establecidas que regulen su venta y donde no se recurra a la violencia para mantener los nichos del mercado). La defensa de los derechos individuales es, como lo entiende un liberalismo de corte más aristotélico, una cuestión más integral de lo que está dispuesto a admitir el liberalismo más “moderno”.

martes, 23 de febrero de 2010

Ser conservador

Sé que hace mucho tiempo no escribía absolutamente nada en el blog, y sé que últimamente mis entradas comienzan con está inútil disculpa. Simplemente, no le he sacado tiempo, ni he tenido ánimos. Sin embargo la entrevista que María Isabel Rueda al precandidato conservador a la presidencia José Galat, fue suficiente para despertarme del letargo bloggero, así sea por un instante. Es una joya, sobre todo por la honestidad brutal de Galat. En partícular me llamó la atención la manera simplista, pero en medio de todo fundamentalmente correcta, en que describe el conservatismo:

¿Y por fin supo qué era? [el conservatismo]

Consevatismo es un partido que tiene los siguientes principios. Religiosidad. Si estoy en Pakistán y quiero ser conservador, tengo que ser musulmán. Si estoy en Inglaterra, tengo que ser anglicano. Y si estoy en Colombia, tengo que ser católico. Segundo, jerarquía. Los de arriba mandamos, los de abajo obedecen. Tercero, historia. Los conservadores somos los portaestandartes de la historia.


Sin palabras....

martes, 27 de octubre de 2009

El misógino del día

¡Voten!

- En una esquina: caricaturista del pasquín local de derecha.

- En la otra: dos respetados pseudo-científicos norteamericanos (conocidos también como "economistas").

Mas detalles: Acá, acá y aquí.


jueves, 17 de septiembre de 2009

Otra vez el Palacio de Justicia

Una vez más la discusión sobre los hechos acaecidos en la toma del Palacio de Justicia por parte del M-19 están en el ojo del huracán de la discusión pública del país. “Nuevas revelaciones”, que en verdad no son otra cosa que la fiscalía diciendo lo que ya se sabía desde hace 24 años, estremecen a la sociedad colombiana.

Lo que es sorprendente (o más bien no es sorprendente, conociendo este país) es que los mismos cínicos y defensores del estado colombiano y en particular de su ejército, han salido a repetir como loros una cantidad de falacias con las que se quiere desacreditar el proceso. Estos “razonamientos” no serían preocupantes si no fueran tan aceptados entre amplios sectores de la población colombiana. Son las consecuencias que dicha aceptación implica, lo que es más diciente de la tragedia de aquel 6 de noviembre de 1985. Es decir, como evento histórico, la toma del Palacio de Justicia es significativa no simplemente por lo que pasó ese día: lo es por la manera en que es interpretada por buena parte de las elites y de la población colombiana hasta la fecha.

Me gustaría comentar en esta entrada algunas de estas falacias o argumentos de dudosa factura, y de lo increíble que alguien medianamente razonable pueda siquiera darles algún crédito:



1.El proceso es parte de una gran conspiración de la justicia, manejada por la izquierda, para “vengarse de los militares” y del estado colombiano. Este argumento es increíblemente común entre varios sectores de la derecha. Lo repiten fanáticos que escriben en blogs, fanáticos que escriben en medios convencionales como Fernando Londoño, e incluso sectores moderados del uribismo, como lo mostró ayer Nicolás Uribe en el programa radial “Hora 20”. El problema de ese argumento es que no invalida los hechos. Es muy difícil negar a estas alturas del paseo, por ejemplo, que el ejército desapareció a personas inocentes de la cafetería (que simplemente no pudieron ser asesinadas por los guerrilleros del M-19, ya muertos para el momento en que habrían salido de Palacio), o que estuvo involucrado directamente en el asesinato de al menos uno de los magistrados que había logrado salir vivo de Palacio y cuyo cuerpo fue encontrado luego dentro del edificio en ruinas.

Pero, además, la acusación perfectamente se puede invertir: se puede decir que los sectores de la derecha, como los anteriormente mencionados, están decididos a obstaculizar de cualquier manera el proceso, con tal de que los militares que asesinaban y torturaban personas (y que ese día lo hicieron descaradamente en la plaza central de la capital del país), sigan libres, ya que llevaban a cabo estos actos en nombre de combatir a un movimiento insurgente de izquierda.Y esta afirmación es tanto o más convincente que las teorías de conspiración que maneja la derecha.

2.No es justo que mientras los militares son juzgados, los miembros del M-19 que organizaron la toma hagan las veces de sus acusadores, gozando de total impunidad. Aquí se parte de una premisa que en parte es legítima y es que todos los responsables de los hechos deben ser juzgados, y no sólo los de un bando. Es decir, miembros del M-19 también deberían ser juzgados por estos hechos, no sólo los militares. Sin embargo, detrás de este razonamiento válido, se esconde una gran falacia y es que TODOS los miembros del M-19 son responsables de la toma del Palacio de Justicia, por el simple hecho de haber pertenecido al grupo guerrillero. El caso de Petro es ilustrativo. Los apologistas de los militares (e incluso algunos de los familiares de las víctimas) no se cansan de atacar al senador del Polo por no haber hecho un acto de contrición los suficientemente significativo (para su gusto) por los hechos de aquel día, o simplemente de denunciarlo porque carece de autoridad moral para hablar dichos hechos, pues supuestamente él también es “responsable” de lo que pasó ese día por el simple hecho de haber pertenecido al M-19. Poco importa el hecho de que Petro fuera un cuadro medio del M-19 en la época, que llevara (si mal no recuerdo) un mes en la cárcel y que es poco probable (por no decir que hasta ahora no sólo no se ha probado, sino que no hay ni una gota de evidencia) de que el hombre hubiese planeado, consentido o siquiera conocido los planes del M-19 con respecto al Palacio de Justicia. Bajo esa lógica tan absurda, habría que juzgar a TODAS las personas que en 1985 eran miembros de las fuerzas militares de Colombia, por las atrocidades que un grupo de militares y sus superiores en la cadena de mando cometieron ese día, por el simple hecho de pertenecer a la misma organización que las llevó a cabo.



3.El proceso contra Plazas Vega prescribió, ergo es un “atropello” jurídico. Este argumento, tan típicamente leguleyo, me parece que es inaceptable desde dos puntos distintos de vista. Primero, la idea de que crímenes de lesa humanidad prescriban, es dudosa a nivel jurídico. Sin embargo, no siendo abogado y no conociendo los intríngulis de la cuestión, admito que en eso puedo estar equivocado. Si ese es el caso, creo que sigue siendo un argumento inválido, porque parte de una premisa inaceptable, y es que un principio de legalidad deba estar por encima de la justicia (o peor aún, que se confunda con la justicia misma), en un asunto que toca derechos fundamentales como la vida y la integridad de las personas. Es decir, que los delitos de lesa humanidad no pueden prescribir simplemente porque una legislación lo dictamine así. De la misma manera no sería legítimo decir que los derechos humanos no apliquen de manera universal, sólo porque haya legislaciones particulares en diversos países o comunidades que los restrinjan o simplemente no los reconozcan.

Además, las mismas personas que piden que el proceso contra los militares se acabe por prescripción, son las que exigen que los ex miembros del M-19 también sean juzgados. Esto a pesar de que la prescripción de los delitos que ellos proponen, también debería cobijar a los guerrilleros, quienes además cuentan con un indulto expedido tras un proceso de paz.

4.Existe una equivalencia entre los hechos cometidos por los militares y los guerrilleros del M-19. Lo anterior, más que un argumento, parece ser un supuesto muy común entre los críticos del proceso y apologistas de los militares. Esta consideración suena más cierta cuando uno piensa que en efecto quién inició toda la debacle de aquel día fue el M-19, tomándose el palacio, secuestrando y amenazando las vidas de las personas que estaban dentro de él para llevar a cabo sus fines.

En este punto toca preguntarse dos cosas: 1. ¿Qué hicieron tanto M-19 y los militares ese día? 2. ¿Cuáles eran sus intenciones? Si vamos a medir a ambos grupos por sus acciones, la gente del M-19 es culpable de secuestrar y amenazar las vidas de las personas dentro del palacio. También es culpable del asesinato de vigilantes dentro del palacio y muy seguramente de la muerte de algunos magistrados. Por su parte el ejército es culpable de secuestro de personas (como los empleados de la cafetería), muy probablemente de tortura y de asesinato a sangre fría, tanto de empleados como de magistrados. Es decir, las acciones del M-19 y del ejército ese día fueron más bien similares.

Pero si es por las intenciones, me parece claro que hay una diferencia importante entre ambos. El M-19 no entró con el fin de asesinar a los magistrados, mucho menos de desaparecerlos; a menos que se quiera creer que el M-19 estaba conformado por una partida de fanáticos suicidas, resulta difícil pensar que hayan entrado a Palacio con el fin de asesinar a los rehenes (la única salvaguarda que tenían para salir vivos del mismo), mucho menos de incinerar el edificio entero con ellos adentro. No pareciera ser ese el caso de los militares, quienes utilizaron medios (atacar el edificio con rockets y lanzallamas, no detener en ningún instante el combate a pesar de que eso ponía en riesgo la vida de los rehenes) para la retoma que claramente no podían tener otra intención que destruir todo dentro de este indistintamente; guerrilleros, empleados y magistrados. Podría justificarse esto último diciendo que fue el “fragor” del combate y la “ira” de los militares ante el golpe que acababan de recibir, lo que los llevó a actuar de esa manera. Pero esa explicación, a parte de ser un atenuante francamente ridículo, tampoco explica por qué el ejército, a sangre fría haya secuestrado y asesinado a empleados y al menos un magistrado. Es decir, no puede explicar las acciones ocurridas POR FUERA del palacio y del contexto inmediato de los hechos que ocurrieron en él.

Se podría decir que las acciones del ejército deberían llevar a cuestionar sus motivos. Mucho se ha hablado de que detrás de la toma del Palacio estuvo la mano del narcotráfico, supuestamente por el pago que el M-19 habría recibido de Pablo Escobar para destruir documentos en los que se aprobaba la extradición contra varios narcotraficantes de la época. Pero la actuación del ejército debería al menos a llevar a cuestionarnos si ellos no estaban también en ese negocio. El incendio del palacio, el uso de rockets y lanzallamas, la absoluta falta de consideración por las vidas de los magistrados, el hecho de que la inteligencia militar conociera el plan de la guerrilla y permitiera que se llevara a cabo sin mayores tropiezos… ¿Cómo es posible que nadie siquiera se plantee la posibilidad de que generales y políticos no estaban a sueldo del narcotráfico para que se llevara a cabo la toma? ¿No era muy conveniente para matar dos pájaros de un tiro, eliminando los archivos y de paso culpando al M-19? ¿O es que para aquel entonces el narcotráfico no había ya cooptado buena parte de la política y de los estamentos del poder –como el ejército- en Colombia?.

5. Los militares actuaron como lo hicieron PORQUE el M-19 se tomó el Palacio. Si el M-19 no se hubiera tomado el palacio nano habrían tenido que actuar como lo hicieron. Este argumento parte de una confusión muy común, y es pensar que la sucesión de eventos en el tiempo, equivale a la necesidad misma de su ocurrencia. Decir que si los sucesos se dieron en el orden A luego B, no equivale a decir que A llevó necesariamente a B. Si por ejemplo alguien me hace una broma inocente y yo respondo agarrando a golpes no sólo al bromista sino a terceros inocentes, no quiere decir que esa fuera la única posible respuesta de mi parte, ni mucho menos que fuera aceptable. Que el M-19 se tomara al palacio, acción reprobable sin lugar a dudas, no implica que la reacción de los militares de entrar a sangre y fuego, era una reacción necesaria (en el sentido lógico de la expresión) y mucho menos justificable.

En conclusión, el trágico legado del Palacio de Justicia, es que más de dos décadas de lo que ocurrió, no sólo no se ha hecho claridad sobre los hechos, no sólo no se ha hecho justicia, sino que el recuerdo y los juicios que se hacen en este país y su memoria colectiva, son francamente vergonzosos y denotan una perversión sobre la manera en que la ética y la justicia son concebidas en el país. El coronel Plazas Vega se hizo tristemente celebre por explicarle al país que su trabajo en la retoma era “defender la democracia maestro”; esa interpretación sigue intacta en las modernas elaboraciones de un Fernando Londoño y cuenta, desafortunadamente, con gran apoyo popular.

martes, 7 de julio de 2009

Mad Max Jackson

Evidencia de que estas empezando a vivir en una distopía: cuando la gente paga por ir a un funeral. Hasta eso venden ya. Como algunas vez alguien dijo por ahí "¡Bienvenidos al futuro!"


jueves, 28 de mayo de 2009

La banalización de la moral por sus pretendidos y presuntuosos guardianes

Hoy me llega la siguiente noticia de El País de España:

"Cuando se banaliza el sexo, se disocia de la procreación y se desvincula del matrimonio, deja de tener sentido la consideración de la violación como delito penal", escribe en una tribuna titulada "La violación, ¿fuera del Código Penal?" Ricardo Benjumea, redactor jefe de Alfa y Omega, la publicación del Arzobispado de Madrid que cada jueves se distribuye con la edición madrileña del diario Abc. "Ése es el ambiente cultural en el que vivimos, y, sin embargo, la inmensa mayoría de los españoles consideraría una aberración que se sacara la violación del Código Penal, aunque, a sólo cien metros, uno tuviera una farmacia donde comprar, sin receta, la pastilla que convierte las relaciones sexuales en simples actos para el gozo y el disfrute", añade el texto del semanario de archidiócesis del cardenal arzobispo Antonio María Rouco Varela, presidentede la Conferencia Episcopal.

Ricardo Benjumea, que comienza el texto, publicado hoy, pidiendo disculpas por usar el ejemplo de la violación -"Nada más lejos de mi intención que frivolizar con la violación", dice-, se pregunta si, reducido el sexo a "simple entretenimiento", debería mantenerse la agresión sexual en el Código Penal. "¿No debería equipararse a otras formas de agresión, como si, por ejemplo, obligáramos a alguien a divertirse durante algunos minutos?", escribe Benjumea, para a continuación -"No es demagogia", dice- poner el ejemplo de un violador, "homosexual", especifica, y "bien relacionado con los círculos progubernamentales", sostiene, que vio reducida su condena de 12 a 5 años de cárcel por una decisión del Consejo de Ministros. Después, el artículo habla de esa banalización del sexo que impregna "el ambiente cultural" y hace la comparación de la despenalización del aborto con la píldora poscoital. Y concluye con un ataque al Gobierno: "Esa hipotética indignación [la que provocaría la despenalización de la violación] es un motivo de esperanza, porque demuestra que la deshumanización de la sexualidad, que promueve el Gobierno, todavía no ha llegado a un punto de no retorno".
Si entiendo la lógica del argumento de esta revista católica, la idea es que una preferencia como la homosexualidad, o tener el derecho a tener relaciones sexuales con un mero fin recreativo, como mínimo conlleva la misma lógica de una violación. Es decir, para nuestros curitas españoles la elección libre y consensuada de dos personas de disfrutar su sexualidad es equivalente al acto de que una fuerce a otra, por medio de la violencia, a tener sexo.

¿Soy yo el único que nota la atrofia moral de la Iglesia Católica en este punto? A los que dicen que es anticuado hablar de moralidad cuando se discuten asuntos públicos y políticos en una sociedad moderna, yo los reto a que lo prueben. No sólo es irrelevante si es "anticuado" o no, sino que cuando hay gente tan horriblemente confundida al respecto, y que además se ha auto denominado como guardian y paladín de la moralidad y la ética en el mundo, a esta gente hay que desafiarla y ponerla en su lugar: ya sea con una argumentación en filosofía moral o al menos con una gota de sentido común, algo de lo que parecen carecer totalmente.


miércoles, 27 de mayo de 2009

Un pequeño homenaje: PEPfecto



No sólo los seguidores del Barça lo agradecen. También los seguidores del fútbol bien jugado, como debe ser. Gracias Pep.

viernes, 15 de mayo de 2009

El mundo paralelo de Startrek

Bueno, hoy fui a ver la nueva película de Star Trek. Acostumbrado a humillaciones con las películas de Star Trek (todas muy malas) pensé que quizás en esta iba a encontrar algo mejor. Una vez me equivoqué: la capacidad humana para el ridiculo y la perversión no tiene límites.

¿Qué puedo decir? Digamos que así como en la trama han creado un universo alterno en el que Vulcano es destruido, entre otros pequeños cambios, así, han trastornado todo lo que significó la serie. Desde la manera en que se ve la nave (la sección de ingeniería del Enterprise parecía un complejo industrial del siglo XX y no una sencilla camara en la que se mezcla materia y antimateria del siglo XXIII), la forma en que aparecen las batallas (nada de decisiones calculadas en el puente. Más bien el Enterprise disparando rafagas de "faser" como cualquier avión de la segunda guerra mundial), la musica (la gloriosa banda sonora de Jerry Goldsmith desaparece por completo), hasta la esencia misma de la serie ("explorar nuevos mundos y conocer nuevas formas de civilización"), todo eso ya no tiene razón de ser en este universo paralelo de Viaje a las Estrellas. Han convertido la franquicia en otra incoherente y sinsentido historieta de marvel, llena de viajes en el tiempo y realidades alternas.



Y si, ya sé, es que yo no veo lo visionario....llegarle a los no fans, revivir la franquicia (o como dicen ahora, "reinventarla")para que venda, bla bla bla. Me importa un rabano. Quedense con su nueva Startrek. Para mi igual es muchas cosas, pero no Startrek. Haré como que este día no ha pasado nunca en mi vida, y volveré a mi línea de tiempo habitual.

P.D: Me ratifico: los viajes en el tiempo como recurso narrativo deben tener las mismas restricciones que los cambios a una constitución política de un país. O tal vez más....